jueves, 7 de agosto de 2014

Frases de libro: "Bajo la misma estrella"

Publicado por Alex en 15:38
  • - Algunos infinitos son más grandes que otros infinitos.
  • - No puedes elegir si van a hacerte daño en este mundo, pero si eliges quien te lo hace. Me gustan mis elecciones. Y espero que ella le gusten las suyas.
  • -Los cigarrillos no te matan si no los enciendes —me dijo mientras mi madre se acercaba al bordillo—. Y nunca he encendido ninguno. Mira, es una metáfora: te colocas el arma asesina entre los dientes, pero no le concedes el poder de matarte.
  • -Algunas veces lees un libro, sientes un extraño afán evangelizador y estás convencido de que este desastrado mundo no se recuperará hasta que todos los seres humanos lo lean. Y luego están los libros como Un dolor imperial, de los que no puedes hablar con nadie, libros tan especiales, escasos y tuyos que revelar el cariño que les tienes parece una traición. 
  • —No es culpa tuya, Hazel Grace. Solo somos efectos colaterales, ¿verdad?
    —«Percebes en el buque de la conciencia» —dije citando Un dolor imperial. 
    —Sí. Me voy a dormir. Es casi la una.
    —Bien —le contesté.
    —Bien —me respondió.
    Me dio la risa tonta y repetí «Bien». La línea se quedó en silencio, pero no se cortó. Casi sentía que estaba en la habitación conmigo, pero mejor, porque ni yo estaba en mi habitación ni él en la suya, sino que estábamos juntos en algún lugar invisible e indeterminado al que solo podía llegarse por teléfono. 
    —Bien —dijo después de una eternidad—. Quizá «bien» será nuestro «siempre». 
    —Bien —añadí.
  • -Todo el mundo debería tener amor verdadero, y debería durar como mínimo toda la vida. 
  • -Si ella estuviera mejor, o usted más enfermo, las estrellas no se habrían cruzado de forma tan terrible, pero la naturaleza de las estrellas es cruzarse, y nunca Shakespeare se equivocó tanto como cuando hizo decir a Casio: «La culpa, querido Bruto, no la tienen nuestras estrellas / sino nosotros». Es muy fácil decirlo cuando eres un noble romano (o Shakespeare), pero nuestras estrellas tienen no poca culpa de lo que nos sucede. 
  • —Es eso lo que me gusta de ti. Estás tan ocupada siento tú que no tienes ni idea de lo absolutamente original que eres. 
  • -Mientras leía, sentí que me enamoraba de él como cuando sientes que estás quedándote dormida: primero lentamente, y de repente de golpe. 
  • —Estoy enamorado de ti —me dijo en voz baja.
    —Augustus —dije yo.
    —Lo estoy.
    Me miraba fijamente, y yo veía cómo se le arrugaban las comisuras de los ojos.
    —Estoy enamorado de ti, y no me apetece privarme del sencillo placer de decir la verdad. Estoy enamorado de ti y sé que el amor es solo un grito en el vacío, que es inevitable el olvido, que estamos todos condenados y que llegará el día en que todos nuestros esfuerzos volverán al polvo. Y sé que el sol engullirá la única tierra que vamos a tener, y estoy enamorado de ti.

  • No me importaría, Hazel Grace. Sería un privilegio que me rompieras el corazón. 
  • Nos besamos. Solté el carrito del oxígeno y le pasé la mano por la nuca, y él me alzó por la cintura hasta dejarme de puntillas. Cuando sus labios entreabiertos rozaron los míos, empecé a sentir que me faltaba la respiración, pero de una manera nueva y fascinante. 
  • Nos sentamos a la sombra de un enorme castaño y le contamos a mi madre nuestra visita al gran Peter van Houten. Se la contamos en plan divertido. Creo que en este mundo tienes que elegir cómo cuentas las historias tristes, y nosotros elegimos la versión divertida. 
  • Había dedicado buena parte de mi vida a intentar no llorar delante de las personas que me querían, así que sabía lo que estaba haciendo Augustus. Aprietas los dientes. Miras al techo. Te dices a ti misma que si te ven llorando, sufrirán, y solo serás tristeza para ellos, y no debes convertirte en mera tristeza, así que no llorarás, y te dices todo esto a ti misma mirando al techo, y luego tragas saliva, aunque la garganta no la deja pasar, y miras a la persona que te quiere y sonríes. 
  • —Estoy en una montaña rusa que no hace más que subir —me dijo.
    —Y para mí es un privilegio y una responsabilidad subir ese camino contigo —le contesté.
    —¿Sería totalmente absurdo intentarlo?
    —No vamos a intentarlo —le dije—. Vamos a conseguirlo.

  • Parecía una eternidad, como si hubiéramos estado juntos una breve pero infinita eternidad. 
  • —Me llamo Hazel. Augustus Waters fue el fugaz gran amor de mi vida. La nuestra fue una historia de amor épica, y no profundizaré más en el tema para no hundirme en un mar de lágrimas. Gus lo sabía. Gus lo sabe. No voy a contaros nuestra historia de amor porque, como todas las historias de amor reales, morirá con nosotros, como debe ser. 
  • —No puedo hablar de nuestra historia de amor, así que hablaré de matemáticas. No soy matemática, pero de algo estoy segura: entre el 0 y el 1 hay infinitos números. Están el 0,1, el 0,12, el 0,112 y toda una infinita colección de otros números. Por supuesto, entre el 0 y el 2 también hay una serie de números infinita, pero mayor, y entre el 0 y un millón.Hay infinitos más grandes que otros. Nos lo enseñó un escritor que nos gustaba. En estos días, a menudo siento que me fastidia que mi serie infinita sea tan breve. Quiero más números de los que seguramente obtendré, y quiero más números para Augustus de los que obtuvo. Pero, Gus, amor mío, no puedo expresar lo mucho que te agradezco nuestro pequeño infinito. No lo cambiaría por el mundo entero. Me has dado una eternidad en esos días contados, y te doy las gracias. 
  • Esa es la cosa sobre el dolor —dijo Augustus, y luego me miró—. Demanda ser sentido.
  • —En casa de Gus hay un dibujo con una gran frase, una frase que tanto a él como a mí nos parecía muy reconfortante: «Sin dolor, ¿cómo conoceríamos el placer?».
  • Mis pensamientos son estrellas con las que no puedo formar constelaciones.
  • La cogía de la mano e intentaba imaginar el mundo sin nosotros, y por un segundo fui lo bastante buena persona para esperar que se muriera y así nunca llegara a enterarse de que yo me moría también. Pero después quise más tiempo para que pudiéramos enamorarnos. He conseguido mi deseo, supongo, y he dejado mi cicatriz. 
  • ¿Qué más? Es preciosa. No te cansas de mirarla. No tienes que preocuparte de si es más inteligente que tú, porque sabes que lo es. Es divertida sin pretenderlo siquiera. La quiero. Tengo la inmensa suerte de quererla, Van Houten. No puedes elegir si van a hacerte daño en este mundo, pero sí eliges quién te lo hace. Me gustan mis elecciones. Y espero que a ella le gusten las suyas. 
  • Me gustan, Augustus.
    Me gustan.

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